Bestiaria es LG de Ciega a Citas*. Si yo fuera un poco menos pelotuda podría haber aprovechado para decir algo al respecto cuanto todavía era una incógnita. Igual ya comprobé que a las palabras se las lleva el viento. Incluso a las escritas y publicadas y presentadas en reuniones de gente que, debería haber aprendido de David Lodge, sirven para cosas muy distintas de las que yo hago.
Igual, a pesar de todo, qué genial, por favor.
*Iba a poner links, pero me dio paja. Pero considerando que en un seminario de posgrado de una afamada casa de estudios un docente invitado sugirió bibliografía específica para un proyecto ingresando dos términos de un nivel de generalidad absoluta en Google, a lo mejor sólo estoy sumándome a la gestión de conocimiento del mañana...
Se supo...
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Isa
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5/01/2009
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Che, pibe, vení, votá...*
En mi confesión políticamente incorrecta del día, me gustaría señalar que ODIO a los pelotudos dizquemilitantes de la facultad... Los odio por ser autoritarios, violentos y obtusos, pero sobre todo por su absoluto descuido por la retórica. Entendámonos, si en una discusión "política" te desautoriza en público una pendeja apática, abúlica y pequeñoburguesa, podrías considerar seriamente la opción del suicidio... Este fue el típico caso en el que pierdo estúpidamente el tiempo discutiendo legitimidad, institucionalidad y el carácter vinculante o no de las decisiones (si pueden llamarse decisiones) tomadas por sus mentes preclaras abanderadas de buenísimas intenciones. Estamos hablando de un tipo que sostuvo que la asamblea votó democráticamente proscribir a una agrupación; que ante cualquier pregunta en concreto sobre los múltiples temas con los que pretendía "arengar" (ojalá alguno pudiera arengar, sería un salto cualitativo) tenía que terminar confesando que bueno, en realidad no sabía bien cómo era el tema; que estaba indignado porque el decano "ahora se dio vuelta", evitando mencionar que esta vuelta lo dejaba apoyando el reclamo de docente, no docentes y estudiantes de la facultad y olvidando, al paso, mencionar que el acto de "oportunismo" del decano estaba acompañado de las firmas como adherentes de más de 200 docentes de la facultad (después nos encargamos de "ajusticiar" la falta de conciencia revolucionaria del decano, ¿dale? ¿Por qué no aprovechamos que ahora, por que se le canta o porque le conviene, decide convertirse en interlocutor válido ante la universidad? Me angustia comprobar una vez más la falta total y completa de pragmatismo político, la cortedad de miras). Pero a este lo odié sobre todo por el momento en que dentro su torpe afán de "defensa" de lo público le pareció cuestionable que "un noruego" pague por un postgrado en una (la) universidad pública nacional. Cuando le hago notar que es una manera lógica de que una facultad recaude (si no puede pagar un arancel un estudiante de postgrado del primerísimo mundo, ¿quién?), pretende correrme con que la gratuidad de la educación es un principio constitucional. Yo acoto que vale para los argentinos (incluso con la salvedad de que aceptar que un estudiante de postgrado extranjero (no olvidemos que no se trataba precisamente de algún "hermano latinoamericano") no es lo mismo que "rifar" las tantiúnicas vacantes entre noruegos ricos). Él se hace el despierto y apunta, recitando cuál blanca palomita, "y para todo aquel que quiera habitar el suelo argentino". Entonces me veo en la obligación de aclararle que no es lo mismo el ciudadano, el residente o el habitante y que ninguno de ellos tiene un carajo que ver con un tour educativo barato en un país tercermundista trasatlántico...
Podría reírme o indignarme, pero en realidad me entristezco. Porque sé que gracias a la apatía, la abulia y la falta de compromiso de los pequeñoburgueses como yo es que estos tipos ejercen la representación de los estudiantes universitarios. Los pienso cada vez más seguido. Y cada vez que me dan vergüenza, me doy vergüenza.
*Me supero a mí misma. Esto es peor que Simon and Garfunkel.
** Publiqué y descubrí después un par de errores, pese a que revisé (o traté de revisar). Usted, que lee gracias a la magia del rss que no actualiza como yo cuando descubro mi bestialidad, sepa disculpar...
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Isa
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9/15/2008
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Tesis (¿Y Eduardo Noriega para cuándo?)
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Isa
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12/12/2007
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A cada uno le gusta lo que le gusta, pero...
Acabo de ver la lista de Vannity Fair de los hombres más sexies 2007 que encabeza ¡¿Matt Damon?! en la misma semana en la que mantuve una larga discusión con Madre sobre "juicios de gusto", si se me permite la expresión (acerca de la belleza o fealdad del nuevo ministro de economía), y necesito aportar un poco de lucidez sobre la cuestión.
A ver... Ante todo, sé que no es lindo lo que es lindo sino lo que a uno le gusta, pero vale aclarar que existen parámetros a tener en cuenta en cualquier intento "clasificatorio" (fuck!). No es lo mismo "lindo", "bello", "apuesto", "atractivo", "sexy"; no se trata de sinónimos. Además, como pretendí explicarle a Madre, no ser "lindo" no implica automáticamente ser "feo". No se trata de un par de opuestos sino de polos de un continuum. (Cabe aclarar que el complejo dispositivo argumentativo probó ser inútil, dado que mi madre tiende automáticamente a considerar el summun de lo atractivo a cualquier hombre de frondosa cabellera; hecho que, coligo, es consecuencia de haberse enamorado de un calvo (mi señor padre).
Me remito a una fuente no fidedigna pero maravillosamente clara para abordar la cuestión. (Disculparán que se trate de una referencia ficcional, pero hay más verdad en la ficción que en más de una investigación "científica"). Se trata de una aclaración sobre una serie de deslizamientos semáticos sobre parámetros de belleza que escuché en la serie News Radio (actualmente la están dando por I-Sat con un doblaje horrendo). También deberán perdonar el falso bilingüismo, pero creo que aporta. En la emisora de radio en cuestión dos periodistas se enfrentan porque una de ellas fue elegida la más "cute/ bonita", y la otra no cree que ese sea el descriptor correcto para su tipo de belleza. En ese marco, le explica la siguiente clasificación:
-Pretty/ Bella (o linda, en rioplatense) = Pretty/ Bella (o linda).
-Cute/ Bonita = Bella, pero menudita y simpática.
-Beautiful/ Hermosa = Muy Bella.
-Gorgeous/ Preciosa = Muy bella y con lindo pelo.
-Sexy/ Sexy= Bella y fácil.
-Voluptuous/ Voluptuosa = Bella y gorda. (Abstenerse de lecturas políticamente correctas).
-Exotic/ Exótica = Fea. (Idem anterior).
Si no nos ponemos exquisitos buscando excepciones (que por supuesto, las hay) este "sistema" funciona a la perfección. Podemos tratar de encontrar un ejemplo para cada "clase" (que, nuevamente, podrá variar de persona a persona, pero tratemos de seguir el razonamiento):
Bella: Natalie Portman
Bonita: Brittany Murphy
Hermosa: Scarlett Johanson
Preciosa: Mónica Bellucci
Sexy: Angelina Jolie
Voluptuosa: Liv Tayler
Exótica: Sarah Jessica Parker
(Quiero aclarar que si me hubiera ahorrado este temita de la aplicación de la taxonomía me hubiera ido bastante mejor, porque hace como dos horas que trato de encontrar el "ejemplo" perfecto de cada categoría. Pongan voluntad, colaboren, y hagan como que están de acuerdo).
Este análisis de la belleza femenina se puede aplicar (con sus obvias salvedades) a los hombres. Sin embargo, encuentro cierta reticencia a adjetivar la belleza masculina, especialmente en el habla cotidiana hispano-rioplatense. (¿Será por aquello de "el hombre es como el oso..."?).
Ante todo, lamento la ausencia (de uso) del equivalente de "Handsome", que sería algo así como "Apuesto", término que entiendo es el que mejor describe la belleza masculina sin desmedro del componente de "virilidad". Luego quisiera mencionar un uso que escuché una vez del Patriarca de los Pájaros de la disciplina que suelo aludir en mis post, que hablando sobre el sentido del humor, y sobre la posibilidad (o imposibilidad) de tomarse a sí mismo como objeto de la comicidad, mencionó a un sujeto (Pergolini) como un hombre "bello". Esta calificación implica un cierto reconocimiento de atributos "atractivos", pero destaca un componente descalificador, por su superficialidad y su carga "femenina".
Hay una salvedad que vale la pena hacer y es que de un hombre que es lindo pero es feo no se dice que es "exótico". No es un caso de borde, sino una de las formas más extendidas de valoración de la belleza masculina. Es el caso de señores como Clive Owen, Benicio del Toro, Javier Bardem. No son bellos y en eso reside su atractivo. (Puedo estar siendo muy parcial en esta apreciación, lo reconosco).
Creo que en la primera y en la última de las categorías mencionadas, iluminando algunos atributos y oscureciendo otros, por supuesto, es dónde puede jugarse el atributo "sexy". Un hombre "bello" no es sexy, porque su belleza es un atributo con fuerte carga femenina.
Entonces, como corolario: Matt Damon no es ni puede ser un hombre sexy. (Incluso, en mi escala personal prácticamente no llega a "bello", se queda en algo similar al "cute" femenino).
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Isa
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11/19/2007
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Rosario (de la frontera)
Breve balance de la excursión a Rosario:
-Participé en la presentación de una investigación sobre archivos, memoria, catálogos, bibliotecólogos, entradas, criterios de búsqueda y "en Internet está todo". (La enumeración no sólo no es exhaustiva, tampoco es exacta). Con un poco de suerte, habrá sido la última vez que hable de ese maldito tema, pero me gustaría aclarar, para aquellos a los que les interese, que pueden resolver sus dudas sobre el tema recurriendo a dos fuentes: a Borges (porque en Borges está *T-O-D-O*), en "El idioma analítico de John Wilkins", y a Podetti, en Yo contra el mundo (http://weblogs.clarin.com/podeti/archives/103559.php). Ojo: en el apuro me salteé una referencia "bibliográfica" fundamental; Cinzéu ya había aclarado un par de cosas sobre el téma. Sírvanse de acercarse a leer por allá.
-La organización del evento académico al que concurrí decidió valerse de un criterio amplio, democrático y progresista, habilitando para los estudiantes "la mesa de los niños". Como la mesa de los niños fue programada un día antes de la efectiva llegada de mi grupete a la ciudad, a nosotras nos tocó una mesa de los niños que directamente quedaba en otro restaurante, al fondo del pasillo y al lado de los baños.
-Compartimos la mesa con nueve personas. Para aquellos no familiarizados con la experiencia "congresística", esto equivale aproximadamente a dos mesas. Esto implicó que el ágape se extendiera durante más de dos horas de sopor, sobre todo porque los primeros 25 minutos correspondieron con la exposición de un joven chilena que leyó "íntegro" su artículo, en tono bajo y monocorde. Participaron del evento dos jóvenes marplatenses que también leyeron (una de ellas usaba brackets; saquen sus propias conclusiones). Las tres personas mencionadas procedieron a abandonar la sala tras sus exposiciones, interrumpiendo el tiempo asignado a las demás participantes, organizando cómo hacerse de sus respectivos certificados para los marcos que, asumo, deben tener ya ubicados en las paredes de su casa. (No sabemos si la chilena debía partir con urgencia a Santiago; las marplatenses fueron avistadas dos días después en alegre caminata por la ciudad de Rosario).
-Por la generosidad de las organizadoras, expuse tres trabajos consecutivos. Todavía me dura la afonía. (Mis amigas se divirtieron como locas la noche del sábado, el pico máximo de mi "mudez", jodiendo con la ironía de que siendo la más verborrágica no estuviera en condiciones de expresarme, y jugando un verdadero "dígalo con mímica" para poder hacerme entender).
-Escuchamos algunas ponencias horribles (un clásico de la actividad congresística). Son los momentos en los que uno se reconcilia con el marco teórico y el campo disciplinar al que adhiere; al tiempo que se pregunta para qué servirán estas cosas, más allá de estimular un falso "onanismo intelectual". Pero ojo, también escuchamos nuevos datos, enfoques metodológicos, recortes de objetos, que, al menos a mí, me sirvieron para descubrir que todavía hay cosas que quiero saber al respecto; me sirven y me servirán para pensar seriamente cómo construir un vínculo abierto con el estudio y la investigación en ese campo. (Si bien no deja de ser cierto que ciertos espacios caducaron, hay cuestiones que atraviesan diagonalmente esos espacios que me gustaría poder rescatar...)
-Asistimos también a las exposiciones de las "figuras" que conocemos y que rara vez defraudan. Y especialmente, en un clásico momento definido desde la sabiduría por la pequeña A. como "cholulismo intelectual", a la presentación de un pope de la disciplina en la que no faltó nada; hubo incluso un fantástico paso de comedia en el que el malingo personaje "explicó" de este modo el signo saussureano, mirando a los ojos a su más fiel representante: "Vos sos el significado, yo soy el significante, nos miramos, y no pasa nada... En cambio si también lo miro a él y él nos mira..." (Entre otras cosas, decidimos la urgente implementación de dos pines dos de altísimo valor sectario: "Pegame y decime lingüista" y "Hasta la Victoria Welby", aunque este último pende de aprobación, porque implicaría la autorización de su autor intelectual. Valga esto como pedido al respecto.)
-Fuimos importunadas en ambos viajes en ómnibus por problemas de "pulsión invocante" o, si se quiere, por la desafortunada conciencia de que "la oreja no tiene párpado". En el viaje de ida, un fellow pasajero nos atormentó con su rigtone 100% salsa (que además no atendía a tiempo porque iba concentradísimo escuchando su reproductor de mp3). A la vuelta, los señores conductores decidieron alegrar su viaje acompañándose de radio mal sintonizada a todo volumen. El comienzo, trágico, fue a toda cumbiancha; la situación remontó cuando nos abocamos al juego "reconozca el éxito de los '90".
-Rosario, pese a ciertos resquemores que siempre me generó su construcción estilística, es un ciudad bella. Y se parece lo suficiente a Buenos Aires como para que un grupo de "porteñas recalcitrantes" se hayan sentido a gusto en ella. Con la ventaja adicional de sentarse a leer al sol a orillas de un río marrón que no hiede y de encontrar a cada paso una explosión de flores de jacarandá. (El hecho de haber encontrado el primer día el bar correcto con un mozo amigo contribuyó con un plus a la calificación).
-En una clara muestra de convivencia ejemplar mi grupete departió en un delicado equilibrio entre lo académico, lo turístico, lo cultural y lo recreativo. Reforzamos la vigencia de la afinidad estilística y la existencia de "problemitas" comunes (extendidos incluso, brevemente, a un dúo incorporado ah hoc). Cuando el viaje adquirió definitivamente su cariz "vacacional" terminó de convertirse en una experiencia "redonda": city tour, mateada en el Parque España, cena mexicana con sus respectivos Margaritas en una especie de Hard Rock pero con onda con el excelente nombre de "Rock&Feller", lectura de diarios del domingo tiradas al sol en la ribera contigua al monumento a la bandera... Para decirlo claramente, la pasé bárbaro. Mucho mejor de lo que había esperado. Me reí como hacía tiempo no lo hacía. Descansé, me cansé, disfruté en grande. Eso resignificó totalmente el valor de esta experiencia.
-Fue verdaderamente un viaje de egresados. Una experiencia bisagra. Un punto alto en el vínculo con un grupo (¡que no se corte en Buenos Aires! cuac!); el valor de un nuevo reencuentro con otros (¡ay, los mails que mandan las amigas!); el cierre de un etapa; el inicio de otra. Un verdadero cambio de aire; una inyección de ánimo para empezar a pensar en el primer día del resto de mis vidas.
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Isa
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11/12/2007
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"Reventarse con estilo"
Más del idiolecto de este blog... Ya mencionamos los conceptos de "Amistades clásicas", "The Friend Zone" y "Marco, el candidato". No podía faltar una aclaración sobre el sintagma del título.
Si fuera un poco más valiente, o más interesante, dejaría esta depresión de medio pelo que ya va para los dos meses y haría “algo”. Y no estoy pensando en este momento en el aspecto resolutivo. No, no. No me da para eso todavía. Sólo pienso que valdría la pena seguir uno de los primeros consejos de mi amiga D. “Si te querés reventar, te reventás, pero siempre con estilo”.
Se me ocurren algunas opciones para reventarme con estilo en este “mientras tanto” que está durando más de lo esperado, todos ligados a distintas adicciones, claro:
-Mientras termino mi último porrón de cerveza: creo que definitivamente es el momento de empezar a tomar whisky. (Sobre otras bebidas, alguna vez fantaseé con incorporar una botella de gin para mixear con la tonic de mi heladera, pero una figura de autoridad del “Mundo perdido” me dijo una vez que el gin era el paco de las bebidas alcohólicas…)
-También podría intentar con la “cosa gourmet” pero gone wild: comer tandas y tandas de cookies, panes, tartas y postres caseros hasta volverme una versión femenina del Homero hiperobeso que trabaja desde casa. (Mucho no me falta).
-O ese asuntillo de las drogas… Aclaremos, ante tanto adolescente colapsado de pastis, que debo ser una de las pocas representantes de mi generación que no probó ni siquiera marihuana. (Creo que ese tren pasó para mí, pero además… el presupuesto me da apenas para paco de buena calidad, si se me perdona el oxímoron).
-Últimamente temo por otra adicción en la que cada tanto recaigo y que tiene una rehabilitación larga y dolorosa: tratar de resucitar a los muertos del placard. (Por fortuna, en una depresión anterior convertí en zombis a dos, así que no han quedado muchas opciones).
-Finalmente, podría elegir la distancia. Irme. Por un tiempo. Escaparme de mí misma. Creo que la última vez que lo hice tenía 11 años, no tengo un gran recuerdo, de hecho, lo había olvidado por completo hasta que Madre lo rememoró hace poco. Todo lo que recuerdo fue haberme ido a caminar (estaba de vacaciones en una ciudad de la costa atlántica en la que pasé todos mis veranos hasta ese año). El viento de la costa es una gran cosa en esos casos. La aventura no duró más que un par de horas, pero recuerdo haberme sentido *libre*.
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Isa
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10/26/2007
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¡La venganza del análisis sintáctico!
Entré convencida de la necesidad de honrar la periodicidad de este blog, pero no se me ocurre nada para decir (obvio de toda obviedad). Ya que estoy por acá podría comentar que en los próximos días debería estar cerrando un artículo para un congreso que compartiré con un nutrido grupo de "señoras de letras" que utilizan a la lingüística para descular cuestiones de vital importancia como :
-La evaluación en el discurso: una aproximación a la función de la expresión “que se yo”.
-Primera hipótesis del sistema de uso de los conectores causales en el habla culta de la ciudad de Buenos Aires.
-Conexiones concesivas y discurso: pragmática, semántica y sintaxis de los conectores ‘si bien’ y ‘por más que’.
¡No sé que voy a hacer con tanta información!
No tengo idea de si yo misma soy capaz de aportar algún tipo de conocimiento pseudo formal a partir de la disciplina que me contiene, y desconozco la teoría y la metodología precisas que guían estas búsquedas de las "señoras de letras", pero quiero pensar que algo más que un severo caso de etnocentrismo me obliga a considerar esos objetos de estudio como el colmo de la paja intelectual.
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Isa
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5/16/2007
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