Por razones que no vienen al caso, ayer hice tres viajes en taxi. En el primero, tras cruzarnos con un flaco con una mata de rastas hasta la rodilla (no exagero, lo juro), el tachero arrancó preguntándose por el olor a sucio que debía portar el muchacho, pero entró a derrapar cuando pasó de las cuestiones estilísticas a las "raciales". No lo cito textual para no contaminar el blog.
En el segundo, un Rolando Rivas muy venido a menos (cómo será, nunca fue gran cosa, diría Les Luthiers) tuvo que esquivar a un pibe en bicicleta que hacía dribbling a las chapas. Su reflexión refunfuñante: "No sé para qué buscan tanto a Bin Laden, si acá hay cada terrorista suicida" (Sic-k)
El tercero parecía simpático; arrancó contado generalidades de fantasmas y apariciones en Buenos Aires pero terminó confesando cómo una bruja buena le había destrabado un trabajo de magia negra que le había traído una serie de problemas que, coligo de sus eufemismos, tenían que ver con algún tipo de disfunción erectil.
Estoy considerando seriamente empezar a salir con un mp3 con risas grabadas.
Malinowski en amarillo y negro
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7/15/2009
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Etiquetas: Buenos Aires me mata, Mi vida es una sit-com
Afán y Fé
Breve resúmen de la jornada:
Me levanté a las 5 de la mañana para terminar a tiempo un informe atrasado (oh, el oxímoron) y enviarlo antes de irme a cursar. Mi proveedor de internet, que ya lo dije, me odia, decidió que para enviar el puto mail con el archivo necesitaba ¡27 minutos! Más tiempo del que hubiera necesitado para imprimirlo completo y llevarlo a la oficina en un taxi. ¡Buen comienzo!
Como consecuencia de tal eficiencia técnica llegué tarde a mi clase de la mañana. De esas cuatro horas me gustaría destacar: a) el profesor es francés, habla un español chapurreado y sonríe todo el tiempo con una mueca aterradora de asesino serial; b) todo lo dicho hasta ahora bien podría ser reemplazado por la lectura recreativa de un par de novelas de Eco; c) la burocracia de Filo es sencillamente escalofriante; d) los hermanos latinoamericanos tienen un acceso escandaloso a becas de posgrado; e) citando a mi buena amiga Nina, ¿cómo carajo harán los lingüistas para vivir con tremendo palo metido en el orto? (discúlpome por el exabrupto, pero estuve media mañana renegando con un cristo que pretendía analizar un discurso audiovisual con una especie de análisis sintáctico recargado); f) en el ámbito universitario el acceso a un café medianamente decente debería ser considerado un derecho humano básico.
Después de la clase salí disparada a otro reino peripatético de la burocracia a presentar en quichicientas oficinas sietemil fotocopias por quintuplicado en veintitresmil carpetas con cientomillón de firmas para descubrir que mi certificado de título en trámite no es válido, que mis años (y años y años y años) de experiencia docente ad honorem no me sirven (administrativamente) para un carajo y que como, aparentemente, las fotocopias suelen ser poco "fieles" es fundamental estampar de puño y letra en cada una el aleccionador sintagma: "Es copia fiel del original que obra en mi poder". ¡Diox de diox!
Lo único que me faltaba, en la tantiúltima etapa de las colas, las presentaciones y las émulas de maestras de Gasalla, fue toparme con una vieja de mierda que decidió empezar una nueva fila (sin molestarse en consultar a los 12 pelotudos que estábamos esperando desde una hora antes a 2 metros) y que me porfiaba que tenía que ser atendida primero porque ella estaba esperando "en el lugar correcto". Entendámonos, si me lo hubiera dicho bien no pasaba nada, odio hacer escándalo por una cuestión tan condenadamente pelotuda como una fila, pero se empacó en una posición tan viejademierda gerontocrática que más que dejarla pasar para que continue con su patética existencia más bien me dieron ganas de empujarla por las escaleras. Sobre todo porque osó decir que para que nos atendieran antes que a ella había que pasar sobre su cadáver... Todavía tengo atragantadas las ganas de escupirle: ¡Por lo mucho que falta!
Por mucho menos que esto podría estar refunfuñando toda la semana pero estoy de buen humor desde el viernes porque me reuní por primera vez con un grupo de trabajo o de estudio o de investigación o algo y en ese encuentro se hicieron, con una gratuidad conmovedora, no sólo uno sino dos chistes consecutivos citando a Los Simpson (y una de las citas incluía una onomatopeya). ¡Eso es un inicio auspicioso!
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4/28/2009
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"No me preguntes, sólo soy una chica"
Como toda vez que arranco para este lado, aclaro... Lejos de mí instalarme como defensora de los estudios de género (o de número, cuac), pero... Esta semana el temita este de los estereotipos de género anduvo dando vueltas por los medios por dos cuestiones dos: por un lado, un siniestro videojuego japonés en el que el objetivo es lograr que el protagonista logre el mayor número posible de violaciones; por otro, la denuncia de tres diputadas contra un juego, parte de la campaña de Axe Instinct, en el que un cavernícola suma puntos pegándole garrotazos en la cabeza a unas muchachas. Debo confesar, de entrada, a qué viene este post: mientras que el primero me parece obviamente repugnante, el segundo no sólo no me inquieta, casi me resulta simpático. Y me interesa explorar dónde está el límite.
De entrada, vale aclararlo, no vi ninguno de los dos juegos por lo que mal podría opinar, pero por los brevísimos fragmentos que logré ver en TV me parece que hay un elemento fundamental que diferencia los efectos de sentido de los dos juegos: el de Axe no tiene la menor pretención de realismo. Desprendido de la última campaña, en la que un cavernícola descubre, Geiser mediante, el cuero, el gel y el motociclismo (!) y causa sensación entre las chicas de las cavernas vecinas, el juego de Axe completa la serie sobre la que el desodorante insiste desde hace años: la fragancia que vuelve a los hombres irresistibles. Además del trabajo temático sobre las figuras cristalizadas del langa y del hombre de las cavernas, el comercial alimenta la distancia con una cuestión de lenguaje: los personajes son caricaturescas figuras animadas (a primera vista parecen muñequitos de plastilina de stop motion, aunque probablemente sean completamente digitales). Se podrá objetar que proponerle al consumidor de Axe que sume puntos a garrotazos con una versión digital de un juego de kermesse es un poco tonto, pero de ahí a pensar que eso de alguna manera incita la violencia contra la mujer hay un largo trecho.
Tengo la sensación de que muchas veces estas defensas "de género" terminan ubicando a las mujeres en un lugar bastante incómodo: ya no de genuino rechazo de un lugar postergado sino más bien de afectación. (Un gesto perfectamente en serie con el histórico estereotipo de la "histérica", fecunda herramienta de estigmatización).
Vale aclarar que como consecuencia de mi gran escape del sábado terminé viendo Monsters vs. Aliens, un nuevo emergente del estereotipo mujeril "triunfador": Susan (a.k.a. Gnormica) salva a la Tierra, a sus amigos monstruos y se saca de encima un novio pelotudo, pero siempre con ropa entallada y largas piernas largas dignas de "Attack of the 50 foot woman". Hasta la victoria termina siendo agridulce.
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4/14/2009
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Etiquetas: Buenos Aires me mata, Consumiendo industria cultural
Pelotudos unidos, jamás serán vencidos
Desde hace tiempo vengo desarrollando una alta fobia a FaceBook, me parece un cóctel concentrado de todo lo malo, lo berreta y lo idiota de la sociedad contemporánea. Al principio la indignación me obligaba a arrancar con largas parrafadas de desprestigio cada vez que algún mortal de mi círculo íntimo osaba mencionar el uso de ese engendro (y créanme, todavía me asusta que tantos se haya entusiasmado con eso). Con el tiempo aprendí a evitar las miradas de entre odio y desprecio que me ganaba con la prédica y reduje la expresión de indignación a un suave desdén. Hasta ahora. Acabo de ver en la tele que más de 80.000 personas "adhieren" en FB a la marcha de mañana. I raise my case.
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3/17/2009
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Etiquetas: Buenos Aires me mata, Odios a la carta
Una de cal...
Acabo de ver en el subte a un flaco que portaba un llavero del Principito con el cordero. ¡Eso es entender todo! Me alegró la tarde.
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3/13/2009
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Etiquetas: Buenos Aires me mata
¿Cafetín de Buenos Aires?
Aunque suelo preferir los trabajos "de escritorio" (sobre todo si es el mío, en casita) motivos laborales me llevaron por los cien barrios porteños. Gracias a eso, tengo LA imagen mental para la postal navideña de la decadencia de la sociedad (diría de la civilización, pero estoy ensayando ser un pelín menos rimbombante): una madre y sus dos polluelos, obesos los tres, zampándose unos frappucinos coronados con copetones de crema en Starbucks. Era un cuadro de Botero intervenido por el pop.
No quiero ser prejuiciosa, pero como soy, ejerzo: había tantas cosas mal en esa escena. Quiero aclarar, ante todo, que estoy muy (muy) lejos de la dictadura de la silueta (soy mucho más Rubens que Modigliani, valga el ejemplo). No estoy hablando de gente con sobrepeso, "con unos kilitos de más", "rellenita", "de huesos grandes", "grandota" (dios de dios de dios, ésta última me da urticaria de sólo escribirla). Estoy hablando de obesidad lisa y llana, como término médico.
Me asusta comprobar que de alguna manera he heredado esa mirada aprehensiva de madre. Madre (y gran parte de la familia materna salvo, claro está, la nona) es lo que se conoce como un "alfeñique de 45 kilos", pero con toda la fuerza de la literalidad (en épocas terribles ha llegado a pesar menos). En los últimos años su natural tendencia a la delgadez está exacerbada por una especie de trastorno en la conducta alimentaria del que es poco consciente que no sólo se expresa en forma de una obsesiva ortorexia sino particularmente por el rechazo casi fóbico a cualquier forma de exceso de peso no sólo propio sino ajeno. Una persona con sobrepeso, no digamos ya alguien obeso, le genera una extraña mezcla de impresión, lástima, terror, rechazo. Madre ama pensarse como gacela (de hecho, es habitual que en la comparación con gente más "pesada" diga: "si x cosa me cuesta a mí, que soy una gacela..."). A mí me perdona la vida porque soy la niña de sus ojos, claro está, y hace la vista gorda (o flaca, para el caso) pero le cuesta, sobre todo porque metafóricamente somos mamíferos del mismo orden pero de especies diferentes. El sema "grácil" difícilmente es común en nuestros respectivos universos...
Dicho esto, vuelvo al prejuicio... Por un lado tenemos la ya mentada cuestión sobre la mera existencia de Starbucks en Buenos Aires. Volviendo sobre el temita ese de los "consumos", cuando todo era sólo una especulación, a mi me parecía divertida la idea de jugar a estar en una sit-com. Todo el fenómeno posterior, las cuadras de cola, el fetichismo alrededor de un vaso descartable, el costo astronómico y ridículo por un producto que no sólo no es extraño en la ciudad sino que se ofrece, a cualquier precio y calidad, en cada esquina, me convenció de que hay algo perverso y obceno en la propuesta.
Pero no fue hasta hoy que entendí hasta qué punto me incomoda. Porque hoy vi no la inocente tilinguería habitual, sino una familia enferma gastando más de $50 pesos de su presupuesto en tapar sus arterias. Y no hay nada divertido en eso.
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12/15/2008
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Etiquetas: Buenos Aires me mata
MI inconsciente 1/ La Señora 0
Después de largo tiempo de impertérritas dudas y cavilaciones, hoy me decidí a salir de casa en plan de levante descarado para asistir a un evento de un pseudo Marco. Cuando llego al lugar indicado (con inusitada producción, incluso), descubro que el susodicho evento fue ayer. Siempre, pero siempre, estoy en el lugar incorrecto en el momento equivocado. Ya ni me sorprendo.
Para evitar el impulso suicida en el subte de vuelta, aproveché que estaba en la calle Corrientes para ir a tomarme un reconfortante café especiado en El gato negro. Allí, mientras tejía nuevas estrategias vitales destinadas indudablemente al fracaso, presencié la llegada de Fernando Peña que luego de tomarse un ¡kirsch!, procedió a comprarse medio local en especias, hierbas, tés y cafés.
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10/02/2008
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Etiquetas: Buenos Aires me mata, Querido blog:
Yo sólo quiero ser del jetset
No quiero dejar de mencionar que esta tarde, mientras me hacía de unos libracos con el dinero-falso bienhabido en el transcurso de largas horas de edición del proyecto zombie que se niega a morir del todo (pero para el que ahora hay una bonita lápida editorial), pude presenciar la presentación del libro de Carmen Barbieri. Además de la edición número mil del "falso encuentro con famoso", qué buena manera de recuperar la perpectiva.
Dejo de regalo parte de mi botín del día:
(Augusto Monterroso, La Cucaracha soñadora)
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10/01/2008
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Etiquetas: Buenos Aires me mata, Los otros, Mi vida es una sit-com
¡Me gusta esta estatua!
El día de hoy fue un claro ejemplo de la bipolaridad que me domina. El 50% fue un completo desastre. El resto incluyó la mentada revanchita discursiva; caminata y merienda al sol con mi amiga Nina; nueva caminata, esta vez en la marcha (¡Oh, sí, participé! ¡Quiero mi medalla al mérito!) y retorno en subte a mi hogar a bordo de un vagón musicalizado por un Tanguito posmoderno que iba sentado en el piso tocando su guitarra y cantando a viva voz un repertorio nac&pop (descolló su interpretación de El amor es más fuerte). Lo maravilloso de la escena fue que una estación antes de casa bajó una flaca que intentó darle unas monedas y el pibe las rechazó: ¡un músico subterráneo por amor al arte! Finalmente, coroné la noche con una nueva edición de "El horno no está para bollos, pero sí para tarta" con un ejemplar con queso, verdeo y hongos portobelo.
Aprovecho esta suma de banalidades para señalar que no sé por qué nos aferramos tanto a la defensa de la universidad pública si las universidades privadas están a la vanguardia, auspiciando eventos como éste: http://www.estatuas-vivientes.com.ar/
PD. El hecho de que la noche del viernes me encuentre en casa tipeando esto forma parte, claro está, del otro 50%.
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9/27/2008
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Etiquetas: Buenos Aires me mata, Gourmet.com, Yo: un tema apasionante
Que me perdonen nuestros hermanos los primates por esta ofensiva analogía...
Acabo de soportar uno más de los múltiples encuentros con el maltrato cotidiano que nos depara esta ciudad. Mi contrincante en el round de hoy fue Ticketek, encarnada (nunca mejor dicho, se verá) por sus matoncitos a sueldo contratados como "seguridad" para la venta de entradas del concierto de Madonna. Primera aclaración importante: yo no voy a ver a Madonna, ergo, me importa muy poco su concierto, su venta de entradas y/o sus matoncitos a sueldo. Pero... Los señores que monopolizan la venta de entradas a espectáculos en la ciudad de Buenos Aires decidieron, gracias a una proverbial incompetencia, que deba lidiar no sólo con los matoncitos sino con la horda de fans enardecidos que no lograron comprar sus entradas (esto porque la empresa en lugar de tener una política lógica para la cantidad de entradas vendidas por persona, decide alimentar a todos los queridos tránsfugas que harán su negocito con la reventa...)
Intentaba yo hacerme de unas entradas (para los maravillosos, geniales y supercalifragilísticamente talentosos Les Luthiers) que había adquirido por internet (doblemente monopolizadas por Ticketek, dado que acepta una única tarjeta de crédito) y por las que había pagado una suma escandalosa por "Costo de servicio" para evitar la tan argentina costumbre de hacer cola frente al teatro. Cuando llego al "punto de venta" la situación era un caos. Había 500 personas esperando pasar sacar entradas para Madonna, para cualquier otro concierto, espectáculo y/o evento comercializado por Ticketek (hagan la cuenta) y para retirar las susodichas entradas. Los monos de seguridad contratados para la ocasión habían decidido, con la amplia y preclara visión que le dan sus inflados músculos, que una sola fila era lo más eficiente para "custodiar" (léase esto, prepotear gente con tonito superado, biceps en alto y venas a reventar). Cuando voy a preguntar, inocente yo, cómo hago para retirar una entrada me señalan una nutrida fila de fans ansiosos, compradores varios y seres anónimos con caras de fastidio. Cuando insisto en que lo que quiero es retirar una entrada ya comprada, el mono a su vez insiste, en un tono bastante menos amigable (como si el tono original hubiera sido algo así como amigable...), "es la misma para todo..." Para esa altura yo echaba humo por las orejas. Me banco bastante poco la incompetencia, menos aún cuando estoy pagando una suma escandalosa a una empresa que debe, en teoría, facilitarme el servicio y ahorrarme toda esta escena. Pero el hecho de tener que lidiar con ocho (no miento) monos, pero en especial con el portavoz, jefe del "operativo" con campera de cuero, gel en el (ralo) pelo y barbita candado de garca llevó las cosas a extremos límite. Esta podría haber sido una experiencia más de cómo nos dejamos avasallar por el sistema y somos incapaces de reclamar por lo que nos corresponde, si no fuera porque la situación se salió por completo de control cuando los monos tuvieron que salir a comunicarle a 500 tipos en llamas que no había más entradas para Madonna. Esto generó un revuelo importante, gente entrando y saliendo, desarmando la fila y el típico conflicto del reclamo "cómo puede ser que no haya más si hasta recién había..." Mientras los monos pretendían debatir con los susodichos fans, varios de la fila que estábamos allí como carneritos bancándonos esa situación al soberano pedo perdimos la paciencia en una mágica epifanía colectiva y salimos a increpar a los monos esgrimiendo el elmental argumento de que armar una única fila era una decisión bastante pelotuda, pero que además, cobrar extra por un servicio que no se brinda era, cuanto menos, una estafa. Los monitos espezaron a descontrolarse: la cordinación entre el movimiento de sus pesados cuerpos en simultáneo con un intento de lenguaje articulado, los hacía comportanse como Ben Stiller y Owen Wilson en la escena de Zoolander que cita a 2001- Odisea del espacio (si no la vieron, véanla). Uno de ellos, el matoncito portavoz, estaba dando clara rienda suelta a la agresividad efecto secundario de su dieta a base de anabólicos, pero al mismo tiempo (titánica tarea) intentaba tener algún tipo de victoria "verbal" con sus oponentes (calculo que su última neurona en funcionamiento comprendió que si fajaba a un cliente se le acababa la changa). Además de sostener permanentemente que "Yo no soy de Ticketek, a mí me contratan" (curiosa reflexión sobre la responsabilidad que se asume ante un trabajo, pero que no deja de ser cierta: como obviamente los monos sólo fueron contratados extraordinariamente por el bolonqui madonnesco (porsupuestamente en el más absoluto negro) si alguno de ellos en un exceso le rompe el cráneo a alguien, ¿quién responde por eso?), uno de sus brillantes argumentos fue decirle a un flaco que le reclamaba por el tiempo que estaba perdiendo, haciendo pucherito: "Vos estás estás acá comprando algo para divertirte, yo estoy trabajando para ganarme el sueldo..". El estupor que nos embargó a todos (incluido el pibe) fue tal que dejamos de tomar en serio al mono y partimos a hablar directamente con algun representante de un eslabón apenas más arriba en la escala evoluptiva (aunque yo para esas alturas tenía unas ganas irrefrenarbles de reventarle las pelotas de un rodillazo certero, pero me contuve imaginando que dificilmente pudiera infringirle el menor daño, la ingesta irrefrenable de anabólicos debe haberlo convertido poco menos que en eunuco). Después del planteo en masa los muchachos de Ticketek y sus matones neandertales "descubrieron" que la forma lógica y correcta de resolver el problema era habilitando unas cajas para retirar entradas, otras para los eventos regulares y el resto para el benemérico concierto madonnesco, con sus respectivas filas independientes. Así se descomprimió la situación en minutos, salvo para los que nos quedamos como unos pelotudos dejando autógrafos en el libro de quejas. Debo aclarar que me siento bastante pelotuda escribiendo en el libro de quejas, porque es evidente que lo leen para entretenerse en los cambios de turno (si lo leen) pero me indigó hasta tal punto pagar por un servicio y tener que lidiar con el maltrado de un cacho de carne con ojos que esta vez, sí, voy a perder más tiempo para nada y voy directamente a Defensa del Consumidor. Eso o pongo un par de bombas cual Club de la Pelea en 4 o 5 gimnasios de patobas de Buenos Aires.
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9/09/2008
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Un servicio a la comunidad
En este momento de debate de alto nivel sobre tribus urbanas e identidades adolescentes, no quería dejar de apuntar esta sabia definición:
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9/08/2008
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Etiquetas: Buenos Aires me mata
Estoy viva (o casi)
Sí, sí. Volví. Gracias por los comentarios (dentro y fuera del blog). Estoy entrando a pleno en la etapa maníaca, así que prometo al menos un par de post un pelín menos lacrimógenos...
Según una escueta consulta popular claramente no vinculante (compuesta de tres votos tres), bajo el fresco aire de montaña soy "tranquila", "positiva" y "alegre" así que ya saben, no soy yo, es la humedad.
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8/24/2008
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Póntelo, pónselo
¿Alguien tendría la bondad de explicarme qué está pasando con las golosinas argentinas? Después de los mensajines de Milka, destinados a los enamorados poco elocuentes, tenemos la nueva campaña de Tofi con dibujos animados (me cuesta creer que sea casualidad su contemporaneidad a la de Bonobon). ¿Qué pasó con "vamos a cambiar el mundo con una dulzura especial", eh? No puedo creer el comercial sobre el amor prohibido entre dos modelos de enchufe vecinos. Dejando de lado la (¡sutilísima!) alusión fálica en la representación de masculino/ femenino, están celebrando la decisión de un muchacho enchufe que en nombre del amor de verdad renuncia a su identidad a través de la automutilación. ¡Me conmueve hasta las lágrimas! Se me ocurre que además del clásico momento fumado, característico de tanta comunicación publicitaria contemporánea, este comercial es hijo de una publicitaria resentida dando rienda suelta a sus fantasías de castración. Se ve que, como decía Mafalda, si no te apurás a cambiar al mundo, viene el mundo y te cambia a vos. Con una tenaza.
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7/23/2008
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Sobredosis de TV
Tanta gente preocupada por la aparente decadencia de la televisión argentina cuando al alcance de la mano tenemos pruebas fehacientes de que tenemos una de las mejores teles del mundo. Los ejemplos están al alcance de la mano, basta ver las adaptaciones de series argentinas. (No voy a hablar de la de Resistiré, Watch me over, que acaba de arrancar por A&E, pero tengo mis serias dudas de que el villano termine comiendo trocitos gelatinosos de tío). Acabo de ver un capítulo de Los Simuladores en versión mexicana. Nunca da con el tono de humor absurdo que tuvo la versión local, pero el caso de hoy demuestra a las claras que el televidente argento promedio está más dispuesto a lo lúdico... Los muchachos mexicanos enfrentan a una fan deprimida con su ídolo. Al comienzo, se supone que es un imitador, pero luego termina siendo el cantante (mexicano) real. En la versión argentina, la señora deprimida es fan de Paul McCartney y se termina acostando en la penumbra de un hotel con un sosías con peluca flequilluda.
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7/10/2008
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Te aprecio, bastante...
Estoy indignada (c) con el nuevo chocolate con mensajines. Imagino que algún creativo anda orgullosísimo por haber pergeñado un producto tan caro a las necesidades de nuestra sociedad, pero a mi me resulta una nueva constatación (y van...) de la decadencia de la especie. ¿Ya no somos capaces de pegarle un post-it a una golosina para decir "Suerte" o "Gracias"? Eso por no hablar del que dice "Te quiero mucho". Por Tutatis, ¿hay algo más triste que decirlo con un papel de chocolate? Estoy segura de que hay un amplio sector social que compra (guiño, guiño) esta idea, pero ¿es mucho pedir un intento, al menos, de abandonar una literalidad tan escandalosa? No hay caso, cada minuto nace un premetafórico.
Podría hablar en el otro extremo del comercial de Bonobon, pero los muñequitos y la canción de Rosal me hacen sonreir. Mucho. (El concepto del muchachito regalando el corazón es una patada en la pupila, lo sé, pero acompañado de una lírica como "Tu mamá debe ser pastelera..." habilita una lectura un poco menos hiperglucémica).
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7/10/2008
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Dejá que la vida te despeine...
Fijate vos que importante era el regreso de los Cadillacs que, según permite apreciar el viento recorriendo sus cabellos, Vicentico hasta se pegó una ducha. Creer o reventar.
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7/01/2008
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Problemas de inflación
Acabo de ver un informe en E! sobre tratamientos para adelgazar que incluyó un maravilloso segmento sobre ¿gente? con severos problemas mentales que consume parásitos intestinales vivos para bajar de peso. Huyo despavorida y me encuentro con imágenes de las carpitas del amor y sus respectivos muñecos inflables: el torito "Alfredito" y el pingüinito "Néstor". No sé cuál de las dos imágenes me da más lástima y más asco. No quiero abrir el juego sobre "El Conflicto", sólo quiero decir que la estrategia de visibilidad me da un poco de vergüenza. (Parecía que estábamos debatiendo institucionalidad/ constitucionalidad, una democracia presidencialista o parlamentarista, un modelo de acumulación/distribución, pero terminamos siendo un gag de Todo por $2).
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6/26/2008
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En vivo y en directo desde las mismísimas entrañas de Belcebú...
Tacos altos para bebé.
Quería pensar que había alguna esperanza para nuestra jodida humanidad, pero veo que no.
En otro orden de cosas (o en el mismo), hoy vi cruzando Córdoba a una señora platinada con jeans envasados al vacío, zapatos y tapadito de piel simil leopardo y una cartela peluda de falso Louis Vouiton. ¿Alguien tendría la amabilidad de reenviarle el memo que le recuerda que no es la Sú, porque parece que no le llegó? Gracias por su atención.
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6/24/2008
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Que vuelva la Confitería del Molino
Cambiando 360º el ángulo de la información, el hecho de que hace una semana la gente de Buenos Aires haga cola en la vereda de un shopping para comprar un café feo y caro en StarBucks me ha hecho perder la poca fe que me quedaba en la humanidad. (Sobre todo porque ahora no podré dar rienda suelta a mi deseo fetichista, porque ha quedado demostrada su profunda idiotez). Malos, snobs, malos, que no me dejan ejercer.
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6/07/2008
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Etiquetas: Buenos Aires me mata
Laiseca, volvé, te perdonamos...
Para demostrar una vez más la brillantés de conceptos como semiosis ilimitada, objeto dinámico, interpretantes y reconocimientos (porque si no lo decía yo...¿cómo se enteraban? juas...), comienzo aquí un registro no exaustivo de lecturas de H. Para empezar, dos:
- Es para capitalizar el lanzamiento de la Línea H (con condiciones de reconocimiento ligadas a cierto pragmatismo de "realpolitik")
- Es un andamio (!) (con condiciones de reconocimiento algo "fumanchú", para usar un término de mi amiga Nina)
Entre los juegos de asociación libre y el espacio en blanco para todo tipo de prácticas de intervención urbana, voy a terminar pensando que es una loable campaña para estimular la creatividad de los porteños. ¡Gracias. Mauri!
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5/28/2008
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Etiquetas: Buenos Aires me mata, Onanismo intelectual
