La vida en directo

Antes de irme a dormir sin saber ya no sólo nada nuevo sobre mi "objeto" sino olvidando alguna que otra cuestión vital como petañear o mantener la cabeza erguida, quisiera apuntar que en el medio de la desesperación tesinística decidió venir a acompañarme la segunda cucaracha que apareció en mi depto en los últimos siete años. ¿Será una señal?

Efemérides del día de la fecha

En el juego perverso de Llego, No llego, Llego, No llego, no salí de casa durante 72 hs. Mi reclusión monástica llegó a su fin porque no aguanté el síndrome de abstinencia de Coca-Cola.

Mi tutor sigue sin responderme. ¿Lo llamo?, ¿no lo llamo?; ¿Lo llamo?, ¿no lo llamo?

Prendí la TV para ver un fragmento del corpus y acabo de ver en Crónica que murió Victor Sueiro. No pude evitar pensar... ¿volverá?

Tesis (¿Y Eduardo Noriega para cuándo?)

Esto bien podría llamarse cómo hacer una tesis en 15 días (más bien 3 años y 15 días, pero se entiende la idea...) Resulta que me quiero recibir (finalmente). Así que ahora veo horas y horas de corpus y escribo como una poseída sabiendo que es más bien difícil que llegue (y voy a llegar... ¡qué tanto!).
Mientras tanto, me gana la culpa por haber perdido valiosísimos días con el frágil argumento: "Todavía no estoy desesperada". Ahora escribo como una poseída porque, justamente, estoy desesperada. Y anoto este funcionamiento perverso en la lista de sinapsis sediciosas que consultaré prolijamente en terapia. Mi amiga V. solía decir, cuando nos atacaba la angustia pre- parcial por haber comenzado a estudiar faltando, con suerte, 23 hs. "¿Para qué vamos a cambiar un mecanismo que funciona?" ¡Cómo me arrepiento de seguir a ultranza los ideales de la juventud!
Mientras tanto, sufro. Porque no voy a estar a la altura de las circunstancias, porque estoy alejada de mucha gente que me hubiera gustado que participe de este momento, porque le dejo mensajes en el contestador a mi tutor anunciándole la inminente bomba y el susodicho no me contesta.
Mientras tanto, sobrevivo en base a una dieta de café frío, té de frutos tropicales y coca-cola, y me alimento de los mensajitos de mis amigas que se preocupan, acompañan, toleran la angustia y las catarsis y planean cómo acompañarme a los festejos (eso si no muero en el intento, claro).

¡Qué miedo me doy a veces!

Pre data: El de abajo fue el post Nº100... (si no hubiera hecho trampa trasplantando entradas del blog anterior, podría celebrarlo).

Sólo quería agregar que este año una charla con el Candidato apócrifo me obligó a cuestionarme la pertenencia a un espacio ultra sólido de mi vida. Me sentí muy muy muy mal por eso y sufrí mucho por otras decisiones que tomé como consecuencia de ese descubrimiento. Ahora entiendo, en parte, por qué me afectó de esta manera *El suceso*... Como soy una pelotuda (no una Pelotudita, ojo) creo en la simetría, y se me había ocurrido que, ya que Marco me había cagado un aspecto de la vida, necesariamente tenía que colaborar para mejorar otro. ¡Me voy a que me amputen dos o tres sinapsis sediciosas y vuelvo!

¡Monocromático!

De la crónica diaria...

Ayer se me había ocurrido un post genial, el mejor en mucho tiempo. Un post de "escritura", claro. El único problema es que hoy lo único que queda de su existencia es el dolor fantasma de un miembro amputado... No tengo el menor registro en mi memoria de cuál era la "genialidad" que pensaba desarrollar. ¡Ah, los beneficios del alzheimer!

Hoy lo único que tengo para contar es una anécdota minúscula pero esclarecedora. Entro a un local a probarme un vestido. Increiblemente me va bien (no porque sea increible que algo me quede bien sino porque es un vestido de "esos", que quedan bien una de 4700 veces. Estoy deprimida pero no tanto, che) y decido llevarlo. Como si hubiera alguna necesidad de argumentar la compra le digo a la vendedora "Sí, lo llevo, es raro encontrar este modelo en un estampado que no sea monocromático..." Ella, dándome el vuelto, sólo atina a valbucear: "Jijiji, monocromático". ¡Me juego la cabeza a que esa piba consigue candidato antes que yo!

Ni sí, ni no, ni blanco, ni negro

Acabo de responder no una sino dos encuestas telefónicas sobre opinión "política". La primera me agarró dormida así que hasta confesé mi nombre "de pila" cuando me lo preguntaron. (Tuve un breve período de paraonia en el que me pregunté por qué carajo le digo mi nombre a un desconocido por teléfono, y a qué fines estadísticos puede servir mi nombre "de pila"; pero después me di cuenta de que: A) a nadie la importa mi opinión política y B) si a alguien le importa, a mi me nefrega.)

Solucionado este primer problema paso a opinar que si todas las encuestas están armadas con el desparpajo de estas dos (especialmente la primera) podríamos mandar toda la investigación cuantitativa a la mismísima mierda (junto con la cualitativa, ya que estamos). Las preguntas eran absolutamente maniqueas, la escala saltaba de Bueno a Malo sin solución de continuidad (cuando argumenté que me haría falta un Regular por allí, el flaco me dice: "Sí, pero el regular no da nada estadísticamente, no es ni bueno ni malo..." A lo que le respondí que es preferible tener un porcentaje difícil de estimar que obtener información no fidedigna en dos porcentajes tan importantes como "Bueno" y Malo". No creo que me haya entendido.

A la altura de la segunda encuesta ya habíamos mejorado, las preguntas las hacía una señora con voz de locutora y mucho sentido del humor (de hecho, cerró la encuesta agradeciéndome el tiempo y "sobre todo la amabilidad" (?); a diferencia del primero, que debía haber debutado como encuestador hoy a las ocho de la mañana), y la encuesta era más potable, de hecho la escala era: Muy favorable, algo favorable, poco favorable, nada favorable, que me parece una transición un poco más cuidadosa que Muy Bueno, Bueno, Malo y Muy Malo...

Sin embargo, y sin ser una experta en la materia, a las dos encuestas se les notaban demasiado las costuras. La primera era decididamente pro-Macri... Cuando me di cuenta (pronto, porque era sesgada desde el principio), aproveché para confundirlos todo lo posible... Quedé casi casi cristinista, porque buscaban que uno seleccionara entre dos opciones (Macri-Cristina) enfrentadas explícita o implícitamente (por nombre, obra y/o elemento estilístico). Estaban todos los motivos cristalizados del macrismo, apenas ocultos por un par de desprolijos deslizamientos semánticos: la nueva política ("una nueva opción"), la capacidad de gestión ("buena administración"), la inseguridad y la policía para la ciudad, el estilo de "no confrontación" (ay, las veces que usaron el adjetivo "prepotente"...). La perla negra: la respuesta al mal desempeño de los candidatos del Pro en las elecciones nacionales tenía sólo dos opciones: "Macri no los acompañó" o "A la gente no lo gustaron los candidatos". Como si fuera poco, abusaban de los "proyectivos" (¡cómo odio los proyectivos, dios de dios! ¿A quién se le ocurre evaluar cuantitativamente la futurología del porteño promedio?).

La segunda era un poco más prolija, de hecho, era claramente "de opinión", incluso con excesiva generalidad, hasta que hacia el final las preguntas apuntaban de manera sospechosamente directa a de Narváez... (Habían sido tan prolijos para testear al empresario que preguntaron imagen de todas las instituciones, incluido el sector empresarial). Mis poderes predictivos hicieron que respondiera al pedido de un calificativo con el término "acomodaticio" (que la encuestadora tuvo que parafrasear) para que minutos después sea consultada sobre mi opinión ante un eventual "abandono" del Pro de de Narváez para armar au propia fuerza política... ¡Sin palabras!

Tengo dos conclusiones: la primera es para el "rubro"... ¡a ver si paramos de explotar gente a fin de año con investigaciones de cualquier grupo y factor! La segunda: ¡qué triste es el panorama político argentino, dios de dios!