Emputecimiento computacional

Desde que comenté por aquí mis desgracias computadoriles dos personas cercanas a mis afectos me comunicaron la solidaridad de sus respectivas máquinas con mi equipo maltrecho. Estoy temiendo llegar a la conclusión de que ciertos males informáticos son altamente contagiosos.

En mi caso, puede decirse que está solucionado. Previa intervención de mi amigo "billetín", claro está. Tener computadora funcionando en casa no tiene precio, para todo lo demás existe Mastercard.

Debo confesar que descubrí, a la par, los beneficios de la sociedad de consumo y los azotes del karma por mi inadecuado criterio para la toma de decisiones vinculadas a la compra de bienes ¿durables? de capital.

Luego de la investigación "técnica" que fue en sí misma una tortura (maldigo a Bill Gates y su maldita interfaz amigable para usuarios idiotas, con el agravante en mi caso del diálogo de lega con supuesto "experto" encarnado en mi informático hermano, o "de la imposibilidad de traducción humano/informático"), mi compra terminó siendo influida por la variable: "es sábado, son las ocho de la noche y no me banco un minuto más de laburo en este locutorio infecto". Para amigos del marketing puede traducirse como "compra impulsiva". De hecho intenté una humorada al respecto ante el señor vendedor, forzando la analogía con la compra de un producto de kiosco. (Lamento decir que en lugar de alfajor, helado, caramelo o cualquier otra golosina que se precie, cometí el error de decir "chupetín", elección paradigmática que disparó asociaciones jocosas del señor vendedor que evidentemente andaba necesitando "afecto", si se me perdona el eufemismo. Compruebo una vez más mi arrollador éxito con los señores vendedores del barrio, especialmente los "maduritos" y poco agraciados).

Retomando: la cuestión es que, en efecto, logré hacerme de una computadora un sábado a las ocho de la noche. El problema fue que el equipo obtenido gracias a las maravillas del capitalismo y la sociedad de consumo por supuesto fallaba. De hecho, más que una falla se trató de un abuso de la metáfora del "avión" aplicada al poderío y la velocidad de la máquina: emitía ruidos dignos de una turbina de 747 amplificada. Sólo después de 2 (dos) cambios en el transcurso de una semana logré hacerme de un equipo con un nivel de ruido humanamente tolerable, pero lo suficientemente audible como para recordarme (pegadito a mi sufriente tímpano) que la disponibilidad de entrega inmediata, incluso un sábado a las ocho de la noche, no es un motivo válido para una compra semejante.

En resumen, finalmente tengo computadora pero hace ruido y para colmo tiene como sistema operativo el maravishoso "Vista", diseño último modelo del amigo Bill, que es más incómodo que el XP, pero lleno de dibujitos... De todos modos, de entre todos los chirimbolos inconducentes que le incluyeron para justificar el negocio de la obsolescencia tecnológica, rescato los post-it virtuales que se puede agregar a la pantalla. ¡Lo que voy a ahorrar en la librería!

Hecha esta introducción voy a la verdadera pregunta de este post...

¿Cuándo se supone que voy a recuperar el tiempo perdido en la compra-instalación-desinstalación-cambio-instalación-desinstalación-cambio-instalación y la posterior migración de tooooooda la información backupeada, recuperada, parcialmente perdida o encontrada que uno tiene en la pc y que ahora tengo dispersa en múltiples cds, dvds, memorias usb y varias cuentas de mail para que el artefacto proceda a "simplificarme" la vida?

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