"Reventarse con estilo"

Más del idiolecto de este blog... Ya mencionamos los conceptos de "Amistades clásicas", "The Friend Zone" y "Marco, el candidato". No podía faltar una aclaración sobre el sintagma del título.


Si fuera un poco más valiente, o más interesante, dejaría esta depresión de medio pelo que ya va para los dos meses y haría “algo”. Y no estoy pensando en este momento en el aspecto resolutivo. No, no. No me da para eso todavía. Sólo pienso que valdría la pena seguir uno de los primeros consejos de mi amiga D. “Si te querés reventar, te reventás, pero siempre con estilo”.

Se me ocurren algunas opciones para reventarme con estilo en este “mientras tanto” que está durando más de lo esperado, todos ligados a distintas adicciones, claro:

-Mientras termino mi último porrón de cerveza: creo que definitivamente es el momento de empezar a tomar whisky. (Sobre otras bebidas, alguna vez fantaseé con incorporar una botella de gin para mixear con la tonic de mi heladera, pero una figura de autoridad del “Mundo perdido” me dijo una vez que el gin era el paco de las bebidas alcohólicas…)

-También podría intentar con la “cosa gourmet” pero gone wild: comer tandas y tandas de cookies, panes, tartas y postres caseros hasta volverme una versión femenina del Homero hiperobeso que trabaja desde casa. (Mucho no me falta).

-O ese asuntillo de las drogas… Aclaremos, ante tanto adolescente colapsado de pastis, que debo ser una de las pocas representantes de mi generación que no probó ni siquiera marihuana. (Creo que ese tren pasó para mí, pero además… el presupuesto me da apenas para paco de buena calidad, si se me perdona el oxímoron).

-Últimamente temo por otra adicción en la que cada tanto recaigo y que tiene una rehabilitación larga y dolorosa: tratar de resucitar a los muertos del placard. (Por fortuna, en una depresión anterior convertí en zombis a dos, así que no han quedado muchas opciones).

-Finalmente, podría elegir la distancia. Irme. Por un tiempo. Escaparme de mí misma. Creo que la última vez que lo hice tenía 11 años, no tengo un gran recuerdo, de hecho, lo había olvidado por completo hasta que Madre lo rememoró hace poco. Todo lo que recuerdo fue haberme ido a caminar (estaba de vacaciones en una ciudad de la costa atlántica en la que pasé todos mis veranos hasta ese año). El viento de la costa es una gran cosa en esos casos. La aventura no duró más que un par de horas, pero recuerdo haberme sentido *libre*.

Cuando ni siquiera te queda la esperanza de recuperar la esperanza...

"... ninguna cosa es realmente sí misma, hay trozos de esto y trozos de aquello pero nada tiene que ver entre sí. Aún así, por extraño que parezca, en el límite de este caos, todo comienza a relacionarse otra vez. (...) Llega el momento en que las cosas se desintegran y se convierten en estiercol, en polvo o desechos y lo que queda es algo nuevo, algunas partículas o aglomeraciónn de materia que no puede identificarse. Es un terrón, una mota, un fragmento del mundo que no tiene sitio: la dimensión de lo esencial".

Paul Auster, El país de las últimas cosas

Hoja de ruta

Para colaborar al claro balance de este blog: algo de escritura, algo de depresión, algo de estúpido entusiasmo, señalo:

-Ví con mi amiga D. Carretera perdida de David Lynch. No entendí un carajo, por supuesto. Pero hablando de imágenes oníricas, hay un personaje siniestro sin cejas que te la voglio dire...

-Siguen los spots de campaña: ¡ay, la gente común de Carrió!

-Estúpido orgullo culinario: ayer hice una tarta tan *preciosa* que le hubiera sacado una foto para postearla aquí. (Debería considerar dedicarme a la gastronomía).

-Estoy trabajando como agente de viajes ad honorem para organizar lo que literal y metafóricamente será el viaje de egresados más demorado de la historia. Este asunto de las reservas y afines me tiene podrida, ¡pero qué lindo fin de semana en la ribera vamos a pasar con mis amigas! (Se supone que vamos a un evento académico; yo pienso más bien en un 90% en irme de copas y tirarme a leer frente al río).

La tanda de campaña

Mientras escribía el post anterior apareció en pantalla el spot de Pinedo (¡Pinedo, dios de dios!), candidato a diputado por el Pro y me recordó que quería opinar al respecto desde que ví el de Melconian (¡Melconian, dios de dios de dios!). No voy a opinar sobre el Pro, sobre su líder (Mauricio que es Macri, ¿sigue de vacaciones?), sobre sus propuestas, o sobre su extracción ideológica. No, no. Sólo voy a decir que me resulta inquietante la elección formal de sus piezas, que arrancan en plano pecho y se van convirtiendo en primerísimo primer plano, con un zoom in muy sutil, no el acercamiento y el movimiento, que son notorios, sino más bien su efecto de sentido que parece ser el de un acercamiento "físico", la puesta en escena de un comentario "en confianza" (más marcado en el caso de Melconian por su verba "informal").

Podría caer en el chiste fácil y decir que asusta encontrarse así, de frente, con semejantes especímenes (por suerte mi tv es 14 pulgadas; no me creo capaz de soportar un plano detalle aún más grande de esos dientes desordenados y amarillos, ¡tan pro!). Pero lo que quiero decir es que como propuesta formal de spots de campaña me parecen revolucionarios (con perdón del término). Los candidatos te miran a la cara, directamente, los ojos brillan, el eje de contacto es explícito, "están ahí, los veo, me hablan", toda una interpelación.

Y tengo que decirlo porque desde hace semanas me choco con la mirada perdida de Lavagna en sus afiches de vía pública; parece una pieza del Consejo Publicitario Argentino en busca de la no-discriminación al autista (para no mencionar la decisión de usar sus segundos de pantalla con una placa fija con un logo remanido en celeste, blanco y solcito y para colmo con banda sonora de símil cacerolazo). O el aburridísimo spot en plano americano de los cuatro candidatos del MST, sus rostos adustos y la imagen final de la boleta, con locución en off acelerada. Por no mencionar los mofletes de Cristina K y su extraño rictus botulínico.

Mucho se ha hablado de la "marketinización" de la política (término marketinero y pelotudo si los hay), o, para decirlo en términos más serios, de la "mediatización" de la política y las formas de la "democracia audiovisual". Hay que decir, entonces, que si bien los spots del Pro (y sus candidatos) no son precisamente los más "telegénicos" sí son por lejos, los más "televisivos".

La tanda

La publicidad televisiva en Argentina está abusando del recurso del humor absurdo desde hace bastante tiempo. A mí ya me tiene harta. Por suerte, de vez en cuando a algún creativo se le cae una idea en otro sentido. Me gustaría destacar dos que me gustan mucho, no son "modernas", ni humorísticas, pero las dos son sólidas, simpáticas y muy acordes al producto, o al menos al concepto.

Una es sobre la serie de recitales de Soda Stéreo (llamarlo "la vuelta" me parece más propio de Puerta de hierro que de un par de conciertos megamultimillonarios). Me gusta mucho cómo instala la vigencia de los temas de Soda por la acumulación de escenas en las que se está tocando o coreando el tema, en una especie de celebración de lo megamultitarget.

La otra, es el comercial del Día de la Madre de Bonobon y otra acumulación, esta vez de hijos de todas las edades orgullosos de sus logros que reclaman la aprobación materna con un cálido: "Mirá, ma". Hay que decirlo, también abusan de un recurso remanido, la repetición como operación figural, la figuración como operación retórica y temática.

Me da la sensación de que asistimos a una especie de caída del relato en la comuniación publicitaria, aunque para desmentirme a medias está el comercial de Navarro Correas "Cuantas erres tiene tu vino", comentado oportunamente en Sed de océano, que si bien es un relato oral en sentido pleno, lo es sólo como telón de fondo de la operación figural de repetición, esta vez, a nivel de la expresión erre con erre guitarra...

Curriculum vitae

Si no hubiera discutido el destino que históricamente me tocaba, hoy posiblemente sería secretaria, o maestra, me hubiera casado con un compañerito del secundario, tendría dos hijos y haría cursos de repostería. La culpa de todo la tienen los libros.

Sin los libros hubiera aprendido las canciones de moda, sin los libros hubiera ido a bailar todos los sábados, sin los libros nunca habrían surgido preguntas para las que hoy todavía no tengo respuestas. Sin los libros hoy creería en la felicidad.

Lo más triste fue haber descubierto, más tarde que temprano, que ni siquiera leí tantos libros. No son tantos, ni siquiera suficientes, son más bien pocos. La medida justa para saber cuántos libros no he leido; la medida justa para saber cuántos han y no han leído los otros.

La culpa de todo la tienen los libros. De libros está hecha la frontera entre los dos mundos que, de a ratos, habito. Solo de a ratos, porque de ninguno de los dos lados me dan la visa. Así estoy hoy, haciendo equilibrio en una línea imaginaria que los demás no pueden ver.

Conocí a una única persona que no sólo la veía, no sólo la habitaba, le había puesto nombre. Un única persona que de vez en cuando me acompañaba con sus propias historias de equilibrio. Pero un día decidió que ya no quería estar de uno de los lados, y al mismo tiempo descubrió que ya no podía vivir del otro, y al mismo tiempo se cansó de la frontera. Parece que la única solución es el exilio...

Los medios y sus blogs: Me voy a hacer pipí, papá

Vuelvo sobre el tema, pero en otro tono. Me maravilla cómo los grandes diarios argentinos tratan de incorporar la novedad del blog. Clarín, un poco más ortodoxo, no convierte sus notas en post, pero incluye cuarenta blogs distintos sin unidad estilística, estética o temática. Se convierte en una especie de blogger top: otorga bitácoras meritocráticas (auqnue el orden de mérito es bastante difuso...)

Es muy gracioso el blog de Tamara Di Tella, sobre todo por el bardo de los comentarios. Yo sigo el blog humorístico de Podetti, y conozco fans de Casero entusiasmados por el suyo. Me parece además muy interesante la idea de Lalo Mir de generar un archivo de material de otro modo efímero en la radio. Pero hay cada salame auspiciado por "el gran diario argentino"...

"Hijos nuestros", escrito por Diego Suarez es un blog sobre las maravillas de la paternidad y la hijitud escrita por un experto, dicen sus credenciales que además de estudiante de letras es Padre.

El post de ayer nos enseña a usar eufemismos escalofriantes para transmitirle a nuestros retoños tabúes y vergüenzas sobre sus genitales. No sé cómo podemos pensar en instalar educación sobre salud sexual y reproductiva si paralelamente programamos la mente de los niños de preescolar para que le teman a dos términos "violentos" como pene y vagina.

Que tantos padres se entusiasmen en los comentarios aportando los vergonzosos términos con los que eligen "educar" a sus hijos sencillamente me asusta. Y que el autor proponga que pene y vagina no se han popularizado como términos familiares por su raíz latina, una hipótesis que linda con la demencia.

Cómo se va a lograr discutir seriamente sobre la despenalización del aborto, por caso, si sigue habiendo padres que creen "simpático" que sus niños digan "pochola", "pichila", "chucha" o "pitulín".

Más de la Tribuna de Doctrina

Debería dejar de leer los comentarios a las notas de La Nación porque mi reiterada indignación ya aburre. Confieso que quise revisar lo sucedido con el comentario del post anterior, que sigue rechazado; pero hoy hay una explosión de ignorancia, mala leche y falta de criterio ya no en los comentarios sino en el propio diario, porque hoy publicaron las notas a propósito de la condena a reclusión perpetua al genocida Von Wernich. (http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=951794&origen=premium)

Era de esperarse en los mensajes la defensa encarnizada del sujeto y a través de él, de los jerarcas de las iglesia católica, y de los criminales de la última dictadura, recurriendo una vez más, estúpidamente, a la teoría de los dos demonios (nunca mejor aplicada en este caso). No me sorprende. Lo que me sorprende es el criterio de "Moderación".

Nuevamente, no comprendo la decisión de fomentar un foro abierto para que cualquier inadaptado derrame enfermas apreciaciones que jamás se atrevería a decir en voz alta o a firmar con su nombre y apellido. Pero entiendo menos todavía el criterio del ente policíaco que "modera" los comentarios. Se puede "Reportar abuso" en cada comentario, a partir de un reglamento más bien lábil. En el caso de que un comentario haya sido reportado ya no puede leerse en pantalla. Luego de la revisión y aceptación del organismo de control (me gustaría saber cuánto le pagan a un pasante por ese trabajo) el comentario aparece publicado como "Moderado" y ya no puede reportarse.

Vale la pena aclarar que el reporte de abuso termina siendo anónimo y no es necesario argumento alguno, lo que deriva en que cualquier inadaptado puede vetar, al menos temporariamente, la opinión ajena. De hecho, en la nota aparecen como "moderados" varios comentarios que citaban titulares del propio La Nación y de otros matutinos del mundo sobre la condena a Von Wernich.

De todos modos, resulta escalofriante saber que el moderador considera aceptable:

-Que se cuestione la validez de una condena de un proceso judicial oral y público:

"Considero que el sacerdote VW no es ni mas ni menos que otra victima de la nefasta izquierda intelectualoide" Nº163: Gaijin. Moderado.

"...atacamos los juicios truchos a los que nos tiene acostumbrados esta dictadura, informate bien y leé el juicio al ciudadano Von Wernich, lleno de irregularidades y testigos falsos, a los ciudadanos de la republica nos repugna la ausencia de estado de derecho que estamos viviendo, la miseria en la que vivimos ante el despliegue de guita fàcil que nos sacan, los jueces cortesanos que no administran con la ley, LOS GILES QUE TRABAJAN PARA LA DICTADURA DE LOS CHORROS DE STA CRUZ, POR DOS MANGUITOS. Nº91. Ursule. Moderado.


-Parábolas pseudo bíblicas de la teoría de los dos demonios, escritas con sintaxis y Hortografía de preescolar:

"Está tan enrevesada la Vedad Histórica, que la verdad no se que pensar, esto simplemente se parece mas a una maniobra Política que a un Juicio por la verdad, algún Día la Rueda Girará y los Juzgados seran los Juradosde hoy, y el Mañana será Diferente? ¿Fué una Gerra? o simplemente una matanza retorsida de pobres Intelectuales (surditos confundidos) que agredían con Gomeras a sus adversarios. Repito la rueda Girará y aquel Día "espero" no sea tarde para que los verdaderos Intelectuales del Terror DE UNO Y OTRO BANDO sean Puestos en Fila India y Descapitados al mejor Estilo de María Antonieta Una Frase para los que festejan la condena del Cura: Dejen de hacer POLITICA desde la Tribuna del Frente algún Día Piensen en Positivo el ODIO por el ODIO mismo solo lleva por los senderos del TERROR, el ODIO genera VENGANZA y el VENGADOR en este momento solo está AGAZAPADO, mañana pueden ser UDS los Juzgados por TRIBUNALES PARCIALES, con leyes ANTI-ALGO. Como Cristiano les pido a los Foristass una HORACION por el triste DERROTERO de esta ARGENTINA que no encuentyra su sendero!!!!!". Nº104. barran. Moderado.


-Deslices antisemitas:

"¿Y por qué premian a los que cometieron crímenes de lesa humanidad del otro bando? ¿no será que les importa más la ideología que los crímenes en sí? Además, se me hace que si fuera de otra religión en vez de estar preso estaría reunido con Krishtina en un hotel de Nueva York... A propósito, ¿por qué cuando descubrieron quiénes eran los verdaderos dueños de Cromagon no se habló más del tema? ¿Se acuerdan los titulares de la sociedad radicada en un paraíso fiscal, responsables de 200 muertes de jóvenes y niños inocentes?" Nº39. batarazza. Moderado.


-Pero lo más grave de todo, nadie reporta un abuso y el "moderador" no actúa "de oficio" en un comentario vergonzoso e hijo de puta como este:

"...preguntale a los servicios Lopez era otro "testigo"arreglado que se les escapo de las manos sin querer" Nº 342. Ursule.

Los argentinos somos derechos y humanos

Me gustaría elaborar un poco más, pero la última vez que intenté algo semejante terminé produciendo un mamotreto de tres páginas, así que lo digo y ya: la decisión el diario La Nación de habilitar la opción de comentarios en todas y cada una de sus notas me parece bastante desacertada por varios motivos. Ante todo, porque si decido leer un diario busco algo más que la opinión de algún trasnochado a quien no le da ni para escribir su propio blog. En segundo lugar, circunstancialmente, porque es un atronador fracaso que un diario de circulación nacional reciba en su página web cinco comentarios a una nota, para peor mal redactados. Por último, porque lamentablemente uno puede encontrarse con esto:

"En la Argentina pusieron a prueba su cretinismo cuando dieron el Premio Nobel de la Paz a un agitador político neomarxista disfrazado de cristiano porque andaba hurgando sobre secretos militares de guerra como lo eran los destinos de los desaparecidos. Esos desaparecidos en realidad habían comenzado de desaparecer cuando entraban a la clandestinidad y utilizaban documentos falsos robados impunemente de todos los registros civiles de la Argentina. Por eso ese Premio los desacreditó y se afianzó la idea de que lo entregaban por razones políticas para molestar a ALGUIEN, claro que con precisas instrucciones de aquellos poderes que se manejan en las sombras y sobre cuyas actividades escribió el libro EL PODER EN LAS SOMBRAS nuestro General Ramón Camps que le tocó lidiar en la guerra revolucionaria que el comunismo con cierto pernonismo le planteó a la República. Pamperoni"

Pueden leerlo directamente aquí:
http://www.lanacion.com.ar/cultura/nota.asp?nota_id=950841&origen=premium

Eso mientras no aparezca en la redación alguien con el suficiente criterio como para intentar ocultar que por años han alimentado a una audiencia vergozosa, no sólo por ignorante, también por hija de puta.

El origen de las especies

Luiggi era el tercero de cinco: menor que Giustina y Giusseppina, mayor que Giovanna y Carlina. Había nacido en el diecinueve y estrenaba sus veinte cuando vino la leva. Fue al frente por primera vez en el otoño de 1940. Primera y última: esa única vez alcanzó para que lo tomaran prisionero.
Tras un breve lapso en territorio europeo, le tocó vagar con otros tanitos cautivos a bordo de un carguero. Bordearon África, cruzaron el Atlántico y se abrieron paso hacia el Pacífico por el pasaje de Drake, y subiendo, subiendo a la vera del continente americano llegaron a San Francisco, en la costa este de Estados Unidos.
Los primeros meses fueron sólo calor, sed, oscuridad. El resto, calor, más que nada calor, trabajando durante años en las planchas a vapor de las tintorerías industriales.
Logró volver al pueblo seis años después. El mundo ya no era el mismo, su país no era el mismo, él era otro. Volvió a su vida de siempre, otra vez al campo, a la viña, pero más cerrado, más callado, taciturno. Siempre había sido esquivo, pero ahora se escondía detrás de los libros que había traído, se encerraba detrás de una pared de letras que ni su familia ni sus amigos podían comprender. Había decidido quedarse solo. El que había vuelvo era otro, y ese otro no quería participar de la tímida socialidad de posguerra.
Pero la vida sigue, dicen. Y su hermana menor, que había estado noviando desde hacía tiempo con un vecino del pueblo, empezaba a hablar de casamiento. Pero había un inconveniente. El noviecito tenía una hermana mayor todavía soltera con prioridad de boda, por una ecuación extraña de la flamante parentela. El padre de Luiggi decidió resolver el conflicto con una doble boda: a la parejita de enamorados originales se le sumaron ellos, el muchacho solitario y reservado y la muchachita atolondrada y regordeta. Él los dejó hacer. No tenía mayor posibilidad de oponerse. Pero tampoco tenía la energía o la convicción para oponerse. Cuando se quiso acordar vio llover arroz sobre su cabeza como quien ve llover. Muchos años después les contaba esta historia a sus hijas, como un cuento trágico a la hora de ir a dormir.

Alguien tenía que decirlo: Sirvén es una señora gorda

Dos notas a la frente [ya que no al pie (cuac)]:
*Sé que esta extención es una invitación al abandono. No me importa. Últimamente las decisiones de publicación resultan bastante trágicas. Insisto en el concepto: este boliche es mío y hago lo que quiero. El que se aburre, su ruta.
**Gracias a Landrú por el concepto del título.

Me encanta leer la columna dominical de Pablo Sirvén en La Nación para indignarme. Desde hace tiempo tengo ganas de escribir algo al respecto, pero no logro elaborar más allá de la conclusión que lleva por título esta entrada. Me cuesta trabajo poder articular una serie de argumentos racionales sobre la indignación que me produce su indignación sobre la actualidad televisiva. Voy a intentarlo…

Sirvén supo ser uno de los primeros críticos especializados en TV. Pero lo que puede decirse de él es apenas que es “prolijo”. Sus antologías sobre la televisión (o su participación en la última gran antología, asociada de manera más directa a Carlos Ulanovsky) dan cuenta de una gran rigurosidad en la búsqueda de datos, un sistemático registro de la programación televisiva y, muy especialmente, del “contexto” mediático. Pero la sensación es que de “televisión” sabe muy poco. Y me remito a dos notas del prólogo a la edición 1998 de su libro Quién te ha visto y quién TV, a cargo de Silvina Walger. La primera alude al prólogo de la primera edición (en 1988), escrito por Carlos Ulanovsky: “destacaba el hecho de que el autor al hablar de la televisión ‘revelaba las estructuras del poder, público, político y televisivo’. Cuestionaba en cambio su rechazo a ahondar en el análisis de contenidos.” La segunda busca definir al autor- especialista: “Experimentado crítico de televisión, Pablo Sirvén se ha destacado siempre por la mesura y la asepsia ideológica de sus juicios”.

Siento que no haría falta seguir argumentado cuando mi punto es probado sin esfuerzo citando un comentario sólo en apariencia elogioso a cargo de la persona elegida por él para prologar su libro. Pero me interesa tirar un poco más de la cuerda. Cuando digo que Sirvén sabe muy poco de televisión me refiero a por lo menos tres cuestiones fundamentales: no sabe de lenguajes, no sabe de géneros, no sabe de estilos. Su “crítica” suele montarse sobre verdades de Perogrullo, sostenida por débiles argumentos ligados al gusto (o para peor, al “buen gusto”).

Su sección informa de pases, figuras y rating, pero sin dejar jamás de abominar de la televisión contemporánea, comentando (en general escuetamente) con argumentos elitistas aquello que para el diario es “televisión de calidad”. En la nota de Stiletano sobre el debut de El gen argentino (en La Nación 29/08/07) se habla de “programa de divulgación cultural”, y se cuestiona “cuál es la razón del apuro para enunciar (con el respaldo habitual del preciso dispositivo de producción de Cuatro Cabezas) curiosidades y datos sobre los elegidos cuando el afán didáctico del ciclo reclama mayor claridad y no tanta urgencia”. La pregunta que surge indefectiblemente es por qué negarse a considerar cualquier variable ligada al entretenimiento. Estamos hablando de un programa de TV cuyo eje principal implica que la gente vote a través de mensajes de texto (en el fondo, y en la forma, no es tan diferente a Gran Hermano o a Bailando por un sueño).

Me resulta especialmente grato el tonito entre horrorizado y moralizante utilizado para describir algunas tendencias actuales de la programación televisiva, fundadas ante todo en un profundo desconocimiento de cómo funciona el sistema de géneros y del carácter fluctuante de las relaciones figura/ fondo entre ficción y no-ficción. Bien le valdrían conceptos como “estilos de época”, “dominante estilística”, o sin ir más lejos, “programa de entretenimiento” o “reality show”.

Sobre Gran Hermano o Bailando por un sueño recaen las más pesadas críticas (cierre de universos de sentido: porque son fuertes, pero también porque son un plomo). Es cierto que pueden agotar la paciencia del más pintado por su altísimo grado de presencia mediática (intra y extratelevisiva), pero ¿cuánto aporta a la cuestión que ocupe líneas y líneas de farragosa prosa destinadas a su denostación? ¿Por qué no preguntarse jamás por el fenómeno en sí antes de salir a reclamar a padre, tutor o encargado (sea el COMFER, los productores o los directivos de los canales) que nos mande a la cama sin postre?

Me gustaría dedicarme especialmente a desmontar un editorial de Sirvén, para demostrar que además de no ver televisión tampoco sabe argumentar. “La TV, mucho peor que mala” ya era peor que malo, pero para colmo ayer decidió meterse con la televisión “autorreferencial”, caro objeto de estudio para personas caras a este blog (para no hacer esto demasiado largo, sólo voy a decir que toda su argumentación desconoce nada menos que una operatoria básica de la cultura aplicable a cualquier proceso de creación. Si quieren pueden directamente ir a leerlo en todo su esplendor aquí).

Como primer dato, en el artículo se apostrofa a los contenidos televisivos con términos como “desagradables”, “descalabro”, “deterioro”, “vulgar”, pero creo que la elección más apropiada es esta joya que articula lo mejor de su ideología y de su léxico: “trapisondas del lupanar mediático”.

Textualmente:

“…el poder de la tecnología, que dispara los contenidos que antes monopolizaba ese sistema hacia formatos y artefactos inesperados y más versátiles (cable, DVD, celulares, sitios de Internet, etcétera) y vuelve cada día más obsoletos sus géneros, modalidades y horarios…”


Aquí aparece con fuerza algunas dificultades de conceptualización de Sirvén. Si bien estos cambios hablan a las claras de una modificación en el consumo, todavía no hay señales claras de estabilización en cuanto a producción: el desarrollo de géneros y formatos específicos para celulares e Internet está en pañales. Todavía, como en el inicio de cualquier nuevo medio, los contenidos y formatos tradicionales se adaptan a las nuevas posibilidades de soportes y dispositivos. Sólo un ejemplo: la descarga de contenidos televisivos a través de sitios de torrentes o p2p permite acceder a versiones idénticas a las emitidas en TV, con las marcas de fin de bloques para la tanda. ¿Cuál sería la diferencia sustancial entre eso y grabar un capítulo de una serie y adelantar los cortes comerciales con el flashfoward en la vieja y querida videocassetera (en término de ese programa por supuesto, no en términos de lo que es “ver televisión” que es otra discusión)?

“En un nivel peor que malo los gerentes de programación de los canales más vistos nos fatigan con su guerrita infantil de avisos cruzados, uno (Canal 13) para autotitularse "líder absoluto" o "gran líder" porque le ganó a Telefé el mes de agosto por una décima (¡una décima!) y el otro (Telefé) para contestar que es "líder" (así a secas) porque de enero a agosto de este año viene superando a su más próximo competidor por 13,7 puntos a 12,1. A ninguna de las dos emisoras, que ahora disputan el favor del público décima a décima, les conviene contrastar el rating general de agosto de 2007 (38,29 puntos, según Ibope) con el mucho más sustancial de agosto de 2004 (45,87), para no hablar del descenso en el encendido de los últimos tres meses (38,95 a 38,29)”.

Me parece sencillamente maravilloso que le parezca un oprobio que los canales se disputen una décima y él sostenga como argumento contundente una merma de 0,66 en el encendido, que más bien parece indicar que a dos de los encuestados se les quemó una válvula del televisor el día del granizo…

También resulta interesante constatar que la única fuente citada en el artículo es “Consejo de Televisión de Padres de Familia de Estados Unidos”, organismo al que le temería si pudiera imponer su criterio sobre la radiodifusión. Asumo (quizá prejuiciosamente) que sería algo así como otorgarle poder de veto sobre la programación televisiva a Lita de Lázzari y la Liga de Amas de Casa.

Y para cerrar:

“El deterioro del medio ya no reconoce fronteras, es generalizado e, incluso, toma de lleno a países, como los Estados Unidos, donde, aun con regulaciones más estrictas en la materia que las nuestras, el descalabro ya se intuye.” (…) “Hay lugares donde la televisión abierta está mal y otros donde está bastante peor. No hace falta, por razones un tanto obvias, aclarar por qué la nuestra revista, de manera tan entusiasta, en el renglón más oscuro”.

No creo que valga la pena aclarar que el “descalabro” de la TV en Estados Unidos no “se intuye” sino que empezó hace décadas, con programas tan diversos como aquellos que en Argentina vivieron ya su breve esplendor y su ocaso: los “talk shows”; o el desarrollo absolutamente abrumador de los “reality game shows” (llegando al extremo de Kids Nation, reciente reality que lleva a niños de entre 8 y 15 años a convivir aislados con las condiciones de vida del lejano oeste), o los culebrones de las tardes, como General Hospital o All my Children (o… siguen indefinidamente las firmas), o los programas de “chimentos”, que, oh, sí, existen (los famosos “Gossip shows” y su siempre creciente preocupación por el alcoholismo, la drogadicción, los intentos de suicidio y otros temas menores, como si Britney Spears usa o no usa ropa interior).

Vale la pena aclarar que en el horario de los denostados programas hay en televisión abierta ficciones, noticieros, documentales e incluso el susodicho programa catalogado como “divulgación cultural”; y en diferentes horarios (no necesariamente marginales) programación deportiva sobre fútbol, tenis y automovilismo; programas infantiles todas las mañanas (los siete días de la semana), noticieros y flashes informativos (a toda hora, pero de manera estable, mañana, tarde, noche y trasnoche), programas periodísticos/ políticos de opinión (en horario de prime time); programas documentales, culturales y musicales, ficción de producción nacional diaria y unitaria (telenovela, telecomedia, telecomedia juvenil, ciencia ficción).

Mi única preocupación en el último tiempo es definir si estos exabruptos sólo son propios del adn cultura de La Nación, Sirvén y sus ruleros, a quién le recomiendo que se de una vueltita a mirar la Rai: sus noticieros interminables de un solo plano y una sola cámara o sus infinitos ciclos a lo “Sábados circulares de Mancera”, para corroborar que si nuestra TV destaca debe ser porque es una de las más creativas del mundo. O, decididamente peor, si detrás de tanto ataque no hay una oscura lucha de poder sobre la titularidad de las licencias y el reparto de la jugosa torta publicitaria.