Tomate un vino y olvidate

La vuelta de la sección: ¡Péguele a Luis Hermida! Esta vez sólo para destacar un interesante detalle de su última columna en el blog de Clarín sobre publicidad (llamado, en un derroche creativo, "Publicidad").

Hermida comenta la campaña de Jumbo Mundo Vino 08. Ante todo, resulta interesante que un experto encuentre sorprendente que una marca fuerte publicite un evento que dura "sólo dos semanas". (Por favor, alguien que tenga la bondad de ir avisándole a Nike que suspenda ya mismo sus avisos sobre los 10K.)

Siempre me tienta jugar a desmontar prolijamente sus pseudoargumentos, pero hoy no tengo ganas ni tiempo. (Salvo, claro, que Clarín decida pagarme un sueldo para publicar un blog con contraargumentaciones a los artículos de Hermida. Se me ocurre que podría llamarse "Contraargumentaciones a los artículos de Hermida", pero no se si no es muy jugado, a lo mejor no se va a entender...)

Sólo quiero destacar que la campaña, de una pelotudez siempre antes vista, pretende sostener que un hombre puede suplir con un supuesto "saber" de vinos su falta de a)talento artístico, b)voz de hombre o c)rostro simétrico.

Toda la campaña reposa en la más absurda y rancia misoginia: los machos saben de vinos, las minitas se limitan a escucharlos con embelezo. Como si el punto de partida no fuera ya bastante imbécil, cada pieza explora el agravante del juego de seducción entre hombres "normales" y mujeres decididamente bellas. El primero "pinta como un nene" pero, ojo, sabe que el pescado va muy bien con un chardonnay (aprovechen para tomar apuntes, eh). El segundo tiene una insufrible (y fingida) voz de pito, pero describe en un tinto "notas de berries" (perdonen una nueva emergencia de mi escencia políticamente incorrecta de chica moderna, pero a mí un tipo de voz aflautada que se entretiene usando la palabra "berries" no sólo no me seduce sino que corro a presentárselo a "Pochi", mi coiffeur).

La peor es, por supuesto, la que Hermida elige para ilustrar su post. En ella no sólo falla el concepto, falla toda su ejecución. Inicialmente, porque es el único de los tres hombres que argumenta, de un modo absolutamente estereotipado, claro, pero desde un cierto "saber". En segundo lugar, porque este hombre tiene voz de hombre (agradable, por cierto), está vestido de manera prolija y "elegante" y se acerca a la muchacha en cuestión con un gesto atento para servirle un poco más del mentado vino. ¿Qué le falta a este hombre? Aparentemente la vida le negó un rostro "simétrico".

El diccionario del Word (que tanto ignora) reconoce en el acto el desplazamiento semántico entre simetría, armonía y belleza. No así la Real Academia, que define simetría como "correspondencia exacta en forma, tamaño y posición de las partes de un todo." El rostro de ese hombre es perfectamente simétrico (y me atrevo a adentrarme en materia absolutamente opinable: incluso no deja de ser "bello"), sólo no lo sería si fuera tuerto, hemiplégico o Ambosio Vollard. No alcanza con peinarlo con una estúpida raya a la izquierda.

La culpa es de la naturalización de la perspectiva matemática del Renacimiento, claro. Pero no hay que pedirle historia del arte al olmo publicitario. Ni al experto, que concluye: "El perfil humorístico de la propuesta resulta tan claro como su eficacia." La probada eficacia del vetusto chiste machista, pero pretendidamente feminista:

"-¿Qué es más importante, ser inteligente o ser linda?
-Ser linda, por supuesto. Porque de hombres estúpidos está lleno, pero ciegos, ¿cuántos conocés?"


1 comentario:

Cinzcéu dijo...

Agradeceré tips para conseguir que Clarín me pague un sueldo por escribir boludeces como las de Hermida. De esos "artículos" puedo escribir cinco al hilo y, como dicen que decía Arlt, hasta puedo escribirlos a favor o en contra.
La mayor parte de los hombres (¡y mujeres!) que conozco son tan estúpidos como ciegos, clases que metafóricamente coinciden.
Un beso.